domingo, 7 de agosto de 2011

Hoy, pensando en ti...



Hoy,al despertarme,
he dejado tu ausencia en mi almohada.
He abierto de par en par la ventana,
para que las sombras se las lleve
el alba y sólo me quede de ella su luz.

Hoy, he secado de llanto mi lecho,
he prendido una flor en mi pecho
y he pedido que el dia se pase deprisa.
Que tan sólo me quede la imagen
de tus ojos besando mis ojos;
de tu dulce y hermosa sonrisa
porque mi dia y mi luz eres tú.

Hoy, espero, llegar a la noche
con algo más que un suspiro en el alma
y un par de latidos en el corazón.
Hoy, espero, poder dedicarte mi calma,
mis ansias intáctas, y tantas caricias
y besos que te hagan decir...

¡Quédate para siempre, mi amor!
¡No te vayas! No permitas jamás
que alcance la noche desnuda mi alma
y el cuerpo tan lleno de ausencias,
que tenga que irme llorando a la cama
y pedir a la luna, que cubra, piadosa,
de luz y de besos mi cuerpo sin tí.

Hoy, al despertarme,
he salido a por flores,
bañadas aún con el llanto del alba
y aquí, las conservo,
para deshojarlas en cuanto
esta noche, llegues junto a mí.

Adel

sábado, 6 de agosto de 2011

La niña y la montaña





Recogió los suspiros que en la noche se le habían caído del alma,
añadió a su equipaje un par de miradas al vacío y se perdió
en un amanecer aún lejano, mezclándose en la absoluta nada.
Caminó hacia el este, allá por donde el Sol es recibido
por la Aurora con una alfombra blanca para que ponga sus pies
en suelo virgen, para que cada día nazca puro y sin mancha.

Fue dejando caer gotas de amor a su paso, lo mismo que hace
el rocío en la mañana al besar las flores y los campos.
Esa era la forma en que su amor besaba. Dejando huellas
que formaban primaveras de colores, haciendo
que brotaran guirnaldas de amor con sus palabras.

Pero hoy, su alma ya se despertó cansada, sin ganas de seguir
sintiendo nada. Quiso alejarse de la noche y sus vigilias, buscar
otro horizonte arriba en las montañas, quedarse a solas,
con todo bajo sus pies...pero sin nada.
Se sentó junto a un árbol solitario que había nacido sin saber
de dónde ni de quien... lo mismo que ella. En su rugoso tronco
recostó su espalda; se dejó llevar a otro Universo, donde nada
duele, donde no importan los desdenes, donde no hay lágrimas.

Abajo, en la pradera, quedó desperdigada la esperanza; rota,
sin posible futuro, envuelta en una espesa niebla, escondida
sin que nadie pudiera ya alcanzarla ni dañarla.
Desde la cumbre se divisaba el Mar. Hasta allí llegaba su influjo
y su llamada, pero...cerró sus oídos a esas voces y con el tiempo
se fue deshaciendo de sí misma, hundiendo su alma en la montaña,
alimentando al árbol solitario que tanta soledad le arrebataba.

Dicen que alguien subió un día hasta la cima. El árbol solitario
daba sombra a una pequeña flor que a su firme tronco se aferraba.
A su lado, una estrella de mar, diminuta también como la flor que,
algunas noches brillaba con un intenso fulgor de plata.

Y nada más. Sólo la Noche en calma, el Mar, la flor, la estrella diminuta
y el Sol...conocían y guardaban el secreto de la niña y la montaña.

Adel

jueves, 4 de agosto de 2011

El ruido de las cosas...




Es, en el profundo silencio de la noche
cuando mejor se escucha el ruido de las cosas.
De esas cosas que, a veces, ni tienen forma
siquiera, pero se oye su ruido entre las sombras.

Son ruidos estridentes, que algunas veces asustan;
que inquietan, que acobardan, y otras,
que se escuchan como un trueno apagado.
Y se va haciendo sonido su memoria.

Amanece, al fin; la luz nueva renace; y esas cosas
van contigo allá a donde tú vayas, dejando
en el aire su sonido hecho lamento, confundido
con el lamento diferente de otras cosas.

Comienza ya a declinar la tarde, envuelta
en tonos grises, azules, amarillos, rosas...
El silencio, que pretende aproximarse, no llega.
Algo le impide su marcha venturosa.

Ruido, estruendo de cuchillos; pretendidos silencios
que retumban como bombas. La noche avanza
con su carga explosiva. De nada sirve huir.
Llega cierta e inminente la derrota.

¡No!, ¡eso nunca! Podemos abrir las manos
vacías de cuchillos y rencores. Llenas de amor
y perdón. Siempre podemos convertir en melodía
...ese ruido cruel e infernal de algunas cosas.


Adel

Esa extraña certeza...












Acudió a mi encuentro sin buscarla.
Ni tan siquiera fue una cita a ciegas.
La encontré de pronto una mañana
apoyada en el quicio de mi puerta.

Me acompañó ya en toda la jornada, viajó conmigo,
se sentó a mi mesa.
Compartió la tibieza de mis sábanas, durmió a mi lado
y durante el sueño se mezcló en mi sangre
por aquella herida abierta que dejaba a la intemperie
la dura soledad de tanta ausencia.

No fue necesario preguntar nada.
La noche le dio todas las respuestas. Se hizo dueña
de mi piel y cerró esa herida que permanecía abierta.

La certeza es así.

Te sorprende a través de una mirada; de una voz de seda
que, aunque lejana, cualquier sueño dormido te despierta.
Reconoce la intensidad de ese suspiro; de esa leve caricia
que trae la brisa desde una mañana incierta.

La certeza sabe de silencios que retumban
en la noche con ruidos de tormenta.
Sabe de llantos que inundan a su paso caminos y veredas.
Sabe de sueños asfixiados
por el humo sin llama de una hoguera.

Sabe, también, de renuncias,
aún cuando se muestra tan real y cierta su presencia.
En esa renuncia, se esconde entre visillos.
Ama desde lejos, guarda silencio, observa.

Se refugia en las sombras de la noche y,
alimentándose tan sólo de sueños...
se va consumiendo despacio, como la luz de una vela.

Pero...la certeza de amar, jamás se extingue.
Nadie sabe -ni siquiera el corazón-
si es premio o es castigo su existencia.


Adel





miércoles, 3 de agosto de 2011

La noche y su magia


Resulta fascinante encontrar la magia y el misterio de la Noche; saber atrapar su sentido, dejarse envolver en su misterio.
El Dia nos llena de sensaciones, de imágenes, de sonidos...
Va colmando nuestro ser y todo queda atrapado en nuestra memoria y en nuestro corazón.

Y...cuando llega la Noche, es el momento de colocar cada imágen, cada sonido, cada sensación, en el lugar que le corresponde.
Es, la hora del recuento. El momento adecuado para pasarlo todo por el cedazo de la memoria y poder elegir o eliminar.
Ha llegado la Noche. El silencio es grato y acogedor. Invita al descanso pero también a la reflexión.

No siempre podemos eliminar lo que nos duele, nos agobia, nos molesta.
No siempre se puede borrar lo acaecido durante el dia. A veces, queda impreso en nuestro corazón con demasiada fuerza e intensidad y es imposible eliminarlo....aunque nos duele.
Los sentimientos adquieren demasiada intensidad en esas horas de oscuridad y de silencio.

Cualquier sentimiento se percibe con más fuerza y resulta imposible abstraerse a sus efectos. Lo mismo los positivos que los negativos.
Un detalle...una llamada...unas palabras...
La alegría, el agradecimiento, la emoción; lo sientes tanto que casi puedes palparlos aunque la persona se encuentre a miles de kilómetros.
Lo mismo ocurre con el desprecio, la ingratitud o el rechazo. Duelen tanto que quisieras que la noche te envolviese en sus sombras y te llevase lejos, donde ni siquiera el aire rozara la piel de tu alma lacerada por el dolor.

Pero...toda Noche dispone de su Aurora. Nada es eterno y, a cada noche le sucede un nuevo día. Siempre.
Aunque algunas personas se empecinen en vivir una Noche eterna, el Sol nace todos los dias para llevarse esas sombras y llenarnos de vida.

Tenemos que abrir los ojos del alma al despertar, al Sol, a la luz, a la alegría.
Estamos obligados a ello. No podemos ni debemos rechazar esa bendición que llega a nosotros cada amanecer.
Dejemos a la Noche con su misión de concedernos el descanso, de renovar nuestros cuerpos fatigados, de regalarnos sueños...
Atrapemos sólo su magia, su misterio, como un regalo más que nos concede la vida.

Y...vivamos. E intentemos ser felices despertando cada mañana con una nueva sonrisa de gratitud porque ya se retiró la Noche y disponemos de un nuevo Dia para disfrutar, sentir...y amar.

Adel

lunes, 1 de agosto de 2011

Te pedí que te fueras...



Te pedí que te fueras una noche en
que la Luna estaba ausente de mi cielo.
Te rogué que te llevaras mi corazón contigo
para dejar mi cuerpo vacío de recuerdos.
Pero...no hiciste caso a mis palabras, a mis ruegos
y tan sólo te alejaste hasta la orilla de ese mar
donde, al caer la tarde, siempre te encuentro.

Mezclado entre la arena tibia y blanca,
en la suave y cálida espuma de las olas.
En las algas que mi piel acarician al bañarme,
en el sonido triste de una caracola.
Te encuentro en la brisa que roza mi rostro
con ternura, o que alegre, alborota mi pelo.
En la sal que se pega a mi piel como un beso.
En el olor a mar, en el azul del cielo.

Te pedí que te fueras...y no lo has hecho.
Y vuelves cada noche con el corazón repleto
de recuerdos. Y el mío...entre tus manos
se asemeja a una rosa de pétalos abiertos.
Te pedí que te fueras...pero era mentira.
Porque te sigo llamando con mi alma,
con mi cuerpo cargado de deseos,
con mi boca sedienta de tus besos.

Con ese corazón que te llevaste
hasta la orilla del mar y no más lejos.
Y que me lo devuelves cada noche
más lleno de amor, aún más vivo
y rebosante y lleno de recuerdos.

Adel

Gotas...




...que caen rompiedo la calma del agua, haciéndose círculos en busca de tus orillas y deformando durante un instante, la inmensa quietud del universo en movimiento.

Quiero ser esa gota que resbala dulcemente por tu piel desnuda en busca de tu universo y perderme en su quietud...en su inmesa y plácida quietud...

Adel