viernes, 9 de septiembre de 2011

Pensamientos de un verano tardío


Subí hasta la más alta montaña. Necesitaba respirar el aire limpio de la mañana y bañar de silencio mi cuerpo y mi alma. Amanecía y una luz tamizada envolvía el camino y las cumbres aún dormidas de Tramontana, como si estuviesen envueltas en gasas y tules que el alba extiende para llenar de paz y de calma el primer suspiro de la mañana.

Me retiré del bullicio que ya, a esas horas, comienza con quienes visitan el Monasterio y me adentré en el silencioso bosque señor y dueño de luces y sombras como la capilla del Monasterio, allá en lo alto.
Dejé mi corazón en la hojarasca y, con paso firme, avancé entre esas sombras y luces que parecían buscar su lugar en el frondoso bosque, mágico y centenario.

Rompió el aire el canto de un ave (quizá una alondra). Era como un lamento por haber sido profanado ese silencio y regresé despacio, saliendo de esa cúpula, de ese cielo en el que me había cobijado.
Volví a la luz, al cielo azul-añil, al mar calmado, pero...supe que aquel bosque sería ya siempre mi hogar y que, entre las hojas caídas del cercano otoño quedaría ya siempre mi corazón a su cuidado.
Adel

jueves, 8 de septiembre de 2011

Encuentro



Te vi aproximarte.
En la distancia ya se advertía
el deseo dibujado en tus ojos.
Con paso firme
te acercabas a mí y, en el aire,
danzaban, inquietas, tus miradas.

Me viste, al fin,
y sonreíste. Tu sonrisa me dijo
al instante lo que yo esperaba.
Se posaron tus ojos
en los míos, dándole
una nueva luz a la mañana.

Tus labios dibujaron
la forma de mis senos y tu mano
se hizo caricia debajo de mi falda.
Aún no has llegado a mí
y ya te siento. ¿Qué ocurrirá
al abrazarnos y sentirnos la piel?
Los corceles de la pasión...
por las olas cabalgan.

Adel

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Recordando...




Recorrí esta mañana (una de esas mañanas de mis vacaciones en Mallorca) las calles casi vacías del antiguo barrio de mi niñez. Silencio y abandono. Eso es lo que encontraba a cada paso, en cada esquina, en el parque, en los portales cerrados.
Huyeron las risas, las canciones, los juegos...¿hacia dónde huyeron? Ya, nada se asemeja a aquel barrio en el que fui casi feliz cada día; cada tarde, en el pequeño parque; cada noche, asomada a la ventana contemplando las luces del puerto, allá lejos y ese trozo de mar de la hermosa bahía que, entre las callejas y sobre los tejados de las casas más bajas llegaba hasta mí.

En las noches de intenso silencio, podía escuchar su rumor, su llamada al golpear las olas con fuerza contra las rocas...¿o acaso era tan sólo un sueño, una ilusión?
Muchas veces, dejaba los juegos del parque y caminaba deprisa, casi corría a su encuentro. Me sentaba en una roca con el corazón latiendo aceleradamente, temiendo que advirtieran mi escapada, pues ya sabía lo que me esperaba a la vuelta.

Pero...merecía la pena ese "pequeño" dolor ante la alegría de haber podido estar unos minutos a su lado.
¡Ahhh, el mar... Entonces si que escuchaba bien sus palabras! Veía a las olas ir y venir trayéndome noticias, contándome secretos o fantásticos cuentos con los que hacerme feliz. Se interrumpían unas a otras queriendo ser las primeras en llegar; a veces, me enviaban besos de espuma y otras veces me decían: ¡Vete ya, niña! Que es tarde y ya te estarán buscando por el parque. ¡Vete ya! pero vuelve mañana. Vuelve siempre, niña, que aún nos quedan muchas historias y cuentos que contarte.

Esta mañana, después de recorrer las callejas de mi antiguo barrio -ahora silencioso y casi abandonado- he llegado de nuevo hasta la orilla del mar...de "mi" mar.
Algunas olas me han reconocido y me han saludado llenas de contento. Han salpicado mis pies y me he dejado llenar de besos de espuma. Saben que ya, no tendré que salir corriendo para evitar el castigo. Ahora, soy dueña de mi tiempo -bueno, casi- y me quedaré con ellas todo el tiempo que quiera para seguir escuchando sus historias, sus relatos mágicos; para hacerlas compañía y sentirme acompañada, casi feliz...hasta que ella mismas me digan: ¡Ven, niña, ven al mar! Ven... que ya tienes un lugar entre nosotras. Ven, que ahora, ya puedes tú contarnos historias que luego, nosotras, podamos volver a contar....

Adel

Jamás debe perderse


No sabía qué hacer ya con ellas. Siempre que ordenaba papeles y cajones...aparecían como testigos de algo que no debió suceder jamás y que constituía su pesadilla contínua.

Miró tan sólo un par de ellas y las volvió a guardar en el sobre; enfadada, y con un gesto de impaciencia porque siempre terminaba con esa maldita lágrima que pugnaba por salir. Pero esta vez cerró la puerta antes de que se deslizara por su mejilla. Estaba harta, así que las puso directamente en la bolsa en la que iban otros muchos papeles y cosas destinadas a la basura.

Aunque tenía que reconocer que estaba guapa ese día y que esa sonrisa debería haber durado mucho más que las pocas horas que duró.Tan sólo hasta que llegaron al hotel y se quedaron solos en la habitación. Hasta que llegó el momento...

Debería haberlo presentido,pero...

Permanece seria, quieta...recordando...intentando comprender porqué no salió huyendo ese mismo día y permitió que fuera adueñándose y arrebatándole todo lo hermoso y positivo que poseía.

Hay quien dice que para salir de un pozo hay que llegar primero hasta el fondo y dar entonces el impulso necesario que te haga salir de nuevo a flote.

El suyo, fue un hundimiento lento y doloroso que la dejó vacía de todo; un hundimiento en el que perdió ilusiones, sueños, sus mejores años...y en el que estuvo a punto de ahogarse.

Pero, algo no le quitó del todo...algo se le pasó por alto...algo que fue el resorte que la impulsó hacia arriba de nuevo. Con nueva fuerza y nuevos bríos, y con una decisión que jamás pensó que llegaría a tener.

No resultó fácil. El miedo estaba demasiado aposentado en su alma, pero lo disfrazó de decisión, de firme voluntad. Aunque tuviese que
dormir con algo contundente entre las manos y la puerta cerrada con llave.

Él, podría haberla derribado, pero como todos los cobardes, odiaba el escándalo y el qué dirán de los vecinos que le tenían por un perfecto caballero.

Al fin, lo consiguió, se liberó de ese suplicio y ahora...intenta recomponer ese puzzle que, está tan desperdigado que quizás le lleve el resto de su vida.

Será una lucha diferente, un volver a recoger esos sentimientos, limpiarlos, mimarlos y colocarlos en su sitio. Aunque a algunos les falte algún trocito.

El que más le costó encontrar y recomponer y que él no consiguió arrebatarle del todo,lo tiene siempre a la vista y en lugar preferente
para no volver a perderlo.

Es....la DIGNIDAD.


Adel

A pesar de la distancia



¡No hablemos de amor!
Calla, por favor...¡no hablemos de futuro!
Deja que simplemente
se deslice el recuerdo del roce leve de tu piel
en mi piel 
al despedirnos junto al mar...
Ese roce suave de tus  labios en los míos
como un relámpago de luz,
como una pequeña ráfaga de ese fuego
que desprende el resto de tu cuerpo.

Da gracias que cerré los ojos al besarte 
y no me perdí en la profundidad
de tus ojos ardientes; 
de esos ojos de fuego
que queman y dejan huella
y cicatriz en la piel del alma.

¡No hablemos de amor!
Aún tiemblo
al recordar esa sensación
que me envolvió al sentir tu mirada,
al oirte pronunciar mi nombre...
al recibir el impacto de tu mirada...
Dos flechas ardiendo que se clavaron en mis ojos
y que aún los queman aunque estén cerrados,
aunque intenten dejar
que la oscuridad calme su ardor.

No necesitamos hablar de amor.
Dejemos que hablen nuestros ojos
al mirarse...
a pesar de la distancia.

Adel

martes, 6 de septiembre de 2011

Tiempo de otoño


Se acercaba el tiempo del cambio e inevitablemente iba entrando en ese estado de melancolía y tristeza que, por esas fechas se apoderaba de su alma.
Cuando comenzaba el otoño, empezaba a sentir ese característico cosquilleo. Una mezcla de inquietud y calma; de apatía y desazón unidas que le ponían sobre aviso.
Adoraba el otoño. Era...como entrar en un jardín silencioso y apacible donde reinaba la quietud, el descanso; una agradable pausa después del ajetreo del verano.
Todos sus sentidos parecían relajarse y tomar un tiempo de reposo...de verdadero reposo , ya que el verano solía ser un poco agotador por la cantidad de sensaciones...de deseos peleándose por salir a la superficie. A veces, alegres en demasía y que, el excesivo calor, pronto los dejaba ligeramente desmadejados, faltos de vida y de vigor.
Ese bullir de sensaciones casi siempre terminaba con demasiada rapidez, sin darle tiempo a poder asimilar el cambio,y dejando su corazón en un extraño estado de desilusión y esperanza.
Pronto pudo advertir que, únicamente la desilusión permanecía fiel a su lado mientras la esperanza se alejaba dejándole un amargo regusto de derrota.
Le costaba bastante acomodarse a esa nueva situación y sólo le consolaba la certeza de que pronto aparecería el otoño...un verdadero lenitivo para su alma. Restañando alguna que otra herida, llenándola de sonidos distintos y acariciadores. De colores suaves, de aire nuevo y limpio acompañado de melodías como susurros de hojas... lárgamente deseadas y añoradas como caricias maternales o amistosas.
El otoño era su estación favorita; la sentía como algo propio y muy acomodado a su manera de sentir y a su ánimo. Un tiempo calmado y lleno de sosiego sin la urgencia arrebatadora de la primavera o el exceso pasional del verano.Y mucho menos con el invierno, frío, inhóspito y solitario.
Por eso...era ya tiempo de apuntalar con firmeza los sentimientos, para que ninguna tormenta inesperada los derribase y, pudiese atravesar ese tiempo que , se presentaba harto difícil.
Tiempo de frías mañanas, de rocío convertido en escarcha, de nevadas que cubren el corazón, dejándolo en un estado de letargo y que, en algunos momentos, prefería que permaneciese así para siempre...sin sentir los latidos que impulsan la vida, pero también el reconocimiento de la soledad y la melancolía.
Adorable otoño...de cielo limpio surcado de nubes blancas, como retazos de su alma deshaciéndose en busca de ese momento del verdadero y ansiado reposo.


Adel

Comienza de nuevo...


...un camino hacia el otoño...¡Pero si aún quedan restos de verano en el azul del cielo! Restos de arena en mi piel junto al sabor salado del agua del mar que aún tardará en desaparecer para dejar paso a los pensamientos de invierno. Una extraña melancolía flota entre las nubes de este día de vuelta a la "normalidad". Como si fuera posible una normalidad lejos del mar; como si fuera posible... lejos de tu mirada.

Ah! tu mirada. Pensé que no hablaría de tu mirada...pero eso no es posible. Como no lo es dejar de pensar en lo lejos que ha quedado el brillo de tus ojos, ese brillo en el que han quedado pegados a fuego los míos. Tan lejos...y tan cerca porque han quedado dentro de mi alma. Y mi alma arde en esta mañana llena de soledad. Cierro los ojos y contemplo tu cara, tu pelo ensortijado, tus ojos color... ¿qué color le doy a esos ojos que queman al mirar? ¿Qué color tiene el fuego que arde sin llama?

Es lo que siento al pensar en ellos. Fuego, ardor, calor que se adentra en la sangre incendiando los sentidos más oscuros y profundos. Nunca vi ojos como los tuyos... Y en ellos pienso para poder soportar estos dias de ausencia... Y siempre la ausencia...siempre la maldita lejanía en la que deciden nacer los sentimientos. Siempre ese contemplar el cielo para recordar el mar; para poder volver a revivir momentos, risas, complicidades...siempre bajo el fuego penetrante y ardiente de esos ojos que siguen quemando la piel de mi alma...y dando un calor extraño a la piel de mi cuerpo que enrojece como lo hace el fuego al arder...como si sintiera vergüenza de lo que le hace sentir y tratara de envolverse en un disimulado rubor.

Comienza de nuevo...el sentir de mi cuerpo que se creía muerto al sentimiento. Comienza el camino hacia el otoño...en compañía de unos ojos que, de no estar lejos, ya habrían conseguido que mi cuerpo se dejara conducir hacia un incendio imposible de evitar....

Adel